Hace más de veinte años que contamos con normativa sobre prevención de riesgos laborales, y es interesante saber hasta qué punto estamos concienciados de la importancia de cumplirla. Hoy queremos hablaros con cifras en la mano, que es la mejor manera de entender dónde se encuentra España en esta materia. Y haremos hincapié, cómo no, en la formación preventiva.

Datos objetivos: España encabeza un dramático ranking

Desde que se tienen datos objetivos sobre la siniestralidad en nuestro país, tenemos que decir que ocupamos los primeros puestos en este macabro ranking; datos recogidos en este post sobre siniestralidad laboral europea hablan por sí solos. En el índice facilitado por Eurostat observamos que, desde 1998 hasta 2012, la gráfica de España está muy por encima de la europea.

Podríamos concluir que, desde 2012 hasta la actualidad, esta cifra podría haberse reducido, puesto que hay cada vez más concienciación sobre prevención de riesgos laborales. Y, sin embargo, no podemos estar más equivocados. Este artículo de El País sobre accidentes laborales, con información y datos del Ministerio de Trabajo, arroja unas cifras demoledoras: el número de accidentes laborales ha crecido un 12,3% desde 2012 hasta la actualidad.

¿Qué está pasando?

Si nuestras empresas están cada vez más concienciadas de la importancia de la prevención, ¿por qué de repente las cifras aumentan? Podríamos establecer dos claves, aunque hay distintas opiniones al respecto:

Por una parte, hay más accidentes porque ha aumentado el número de trabajadores (la crisis va remitiendo y el empleo está aumentando).

Pero por la otra, el empleo es más precario y se está desatendiendo, en ocasiones, la normativa sobre seguridad laboral.

No podemos olvidar la prevención

En este contexto nuevo que se abre ante nosotros, es importante recuperar cuanto antes la normalidad. Primero, porque no podemos permitirnos una curva ascendente en cuanto a número de accidentes, heridos graves y fallecidos en el trabajo; segundo, porque la prevención de riesgos laborales no es un capricho. Ni siquiera es una elección: la formación preventiva es una obligación de cualquier persona que contrate a otra.

La formación del trabajador es la base de todo

Volvamos al comienzo de este artículo; esto es, a la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, que data del año 1995. En su artículo 19, dice claramente que «el empresario deberá garantizar que cada trabajador reciba una formación teórica y práctica, suficiente y adecuada, en materia preventiva».

Por tanto, más allá de la obligatoriedad de la ley, nos vamos a centrar en las claves para implantarla.

Clave 1: formación «teórica y práctica»

El artículo 19 es bien preciso al respecto. A la hora de recibir un trabajador formación, esta debe de ser teórica y práctica. Esto es: por una parte, hay que exponer ordenadamente los conocimientos que ese empleado ha de recibir; y, por otra, llevarlos a la práctica. Que un trabajador acumule mucha experiencia en el ramo no lo excluye en modo alguno de formarse adecuadamente. En el post anterior sobre nuestro curso de trabajos verticales hablábamos de cómo esa gente especialmente veterana en ese tipo de trabajos ponía su vida en riesgo continuamente. Por lo tanto, es obligatorio para todos y, desde luego, lo es para los veteranos, que pueden acumular malos hábitos en el desempeño de su labor.

Clave 2: no vale cualquier formación: debe ser adecuada y suficiente

El enunciado del artículo 19 lo dice muy claramente: la formación de cada trabajador debe ser «suficiente y adecuada». ¿Qué quiere decir esto? Que no se estipula un número de horas determinado, sino que, en función del tipo de trabajo que vaya a desempeñarse, dicha formación variará en cantidad y precisión. Es obvio que un auxiliar administrativo no necesita la misma formación preventiva que un soldador. El segundo, dadas las características de su puesto, necesitará más horas de formación en prevención de riesgos laborales y esta deberá de ser mucho más exhaustiva.

Clave 3: es el empleador quien debe garantizar dicha formación

«El empresario deberá garantizar…»: aunque parezca una obviedad, la responsabilidad de la formación del trabajador recae sobre el empleador, que en ningún caso podrá derivar esta sobre el asalariado. Por ello, parte de los costes de Seguridad Social van destinados a la formación del trabajador. En este post se explica muy bien este punto.

Clave 4: formación preventiva

En la primera parte del artículo lo indica: «en materia preventiva». Por lo tanto, es esencial que la formación preventiva se centre en riesgos laborales que atañen a su especialización laboral.

Clave 5: formar al principio y cuando haya cambios

El artículo 19 continúa así: «… tanto en el momento de su contratación, cualquiera que sea la modalidad o duración de esta, como cuando se produzcan cambios en las funciones que desempeñe o se introduzcan nuevas tecnologías o cambios en los equipos de trabajo».

No queda lugar a dudas: el trabajador tiene derecho (y el empleador, la obligación) a ser formado tanto al inicio de su contratación como cuando haya un cambio en el desempeño de sus funciones. Esto implica formación si cambia de puesto y formación si cambian las herramientas de trabajo, sean cuales sean.

Clave 6: sea cual sea el contrato

El artículo dice «cualquiera que sea la modalidad o duración de esta [de la contratación]». Es decir, que no solo estamos obligados a formar a nuestros trabajadores fijos o con mayor número de años de contrato, sino que hemos de impartir formación para todos, sea cual sea la duración de su contrato.

Clave 7: formación específica y en continua adaptación

Más adelante, el artículo 19 especifica que la formación debe ir orientada específicamente al puesto de trabajo y a la función que desempeñe cada trabajador. No vale impartir la misma formación a un albañil que a un fontanero si ambos están empleados en nuestra empresa. Además, dicha formación deberá adaptarse a las nuevas circunstancias y riesgos que vayan apareciendo «y repetirse periódicamente, si fuera necesario».

Clave 8: dentro de la jornada laboral

El punto 2 del artículo 19 lo deja claro. La formación deberá impartirse en horario laboral siempre que sea posible y, si no lo es, se deben descontar las horas empleadas en la formación de la jornada laboral. Esto es: la formación cuenta como horas trabajadas.

Clave 9: jamás la pagará el trabajador

Dice el mencionado punto 2 de la formación que «su coste no recaerá en ningún caso sobre los trabajadores». Aunque en el punto 3 habíamos hablado de que el empleador es el responsable de facilitar dicha formación, conviene recordar que esto implica cero costes por parte del empleado.

Clave 10: con formadores habilitados a tal fin

Aquí el artículo especifica que la formación puede impartirla la empresa «mediante medios propios o concertándola con servicios ajenos». Bien, aquí habría que definir quién o quiénes pueden dar formación a empleados.

Pueden impartir formación preventiva estos perfiles profesionales:

  1. Técnico Nivel Intermedio o Superior.
  2. DUE (diplomado universitario de Enfermería) de la empresa.
  3. Médico del Trabajo.

Hablamos siempre de profesionales pertenecientes a una de las modalidades preventivas indicadas en el Reglamento de los Servicios de Prevención.

La formación, por tanto, no puede ser impartida por profesionales independientes: solo por empresas que estén acreditadas como Servicio de Prevención Ajeno. Este es el caso de Before Consulting, que cuenta con dicha acreditación y cuyos cursos de Prevención de Riesgos Laborales son muy valorados dentro y fuera de Málaga.

No permitamos que esta tasa aumente

Como empresarios, nuestra labor es impedir que esta tasa se incremente. No podemos permitir que un país como el nuestro tenga semejantes tasas de siniestralidad. En Before Consulting podemos ayudarte. La formación preventiva es esencial para detener esto. Ponte en contacto con nosotros y te informaremos de todos nuestros cursos.